sábado, 30 de agosto de 2008

Fotos antiguas


Me gustan las fotografías antiguas. Tengo unos cuantos libros con archivos fotográficos de distinta temática que abarcan desde 1837 hasta la posguerra. De vez en cuando me sumerjo en ellos, entre sus páginas e imágenes, como avezado aventurero en busca de misteriosas claves, que me permitan descifrar y conocer más al ser humano que soy, con sus limitadas virtudes y sus muchísimos defectos.

Realmente disfruto deteniéndome a analizar los rostros, los gestos, las miradas de esas personas que en apariencia parecen distintos y lejanos, pero que antes que nosotros pisaron las calles que hoy pisamos, compartieron los mismos temores que hoy nos inquietan, amaron como amamos, rieron y lloraron por las mismas razones que lo hacemos nosotros, y finalmente murieron, como un día nosotros también moriremos.
En algún momento, una cámara fotográfica se cruzó en su camino congelando para siempre una instantánea de sus vidas. Y se presentan hoy, ante nosotros, para contar sus historias a quien quiera y sepa escucharlas. Historias de lo que fuimos, historias de lo que somos.

La fotografía que les muestro arriba, pertenece a una exposición permanente que se encuentra en una de las salas del Hogar de Mayores de la población extremeña de Fregenal de la Sierra; donde hace unos años tuvieron la inteligente idea de recuperar parte de su memoria histórica, con toda la sencillez del mundo, y sin ningún tipo de connotación política o partidista. Es una auténtica delicia perderse allí una tarde, sumergiéndose sin prisas en el pasado de una tierra, y de un pueblo en particular, que compartió grandeza y miseria a partes iguales.

Les muestro esta imagen porque es una de mis favoritas. Sin duda las hay mejores, pero cada vez que miro esta en concreto me provoca un no sé qué en el cuerpo. Para entenderlo hay que situarse en una época en la cual, la existencia de cámaras fotográficas no era algo de uso generalizado como ahora, donde hasta un niño de diez años lleva una integrada en el teléfono móvil, y donde uno tiene la posibilidad de observar al instante el resultado y si no le gusta, disparar de nuevo. En otra época, la posibilidad de inmortalizar tu imagen en papel fotográfico era más bien limitada. Por lo cual, cuando esa ocasión se presentaba, la persona fotografiada sabedora de la importancia que revestía el momento, ponía toda su intención en transmitir la impronta de lo que fue. De ahí proviene la fuerza que desprenden esas imágenes.

Y ahora miren la fotografía y fíjense en los guardias civiles y el cura al servicio del que preside la foto, que imagino será el Marqués o Conde de tal cosa; y en toda la corte de correveidiles detrás suyo, dispuestos a lamerle el culo al señorito con tal de salir lo mejor centrado posible en la foto y no perder su favor. Es la imagen de los que se saben poderosos y lo explotan, porque ni nada ni nadie hubo que les parase los pies.

Uno no imagina al guardia civil de la izquierda o del centro ayudando a nadie. Mas bien se lo imagina esperando en un cruce de caminos a un pobre desgraciado que acaba de robar un melón -porque después de estar cuidando guarros toda su puñetera vida no tiene comida suficiente que llevarle a sus doce hijos- para pegarle una paliza y dejarle medio muerto en la cuneta y de paso quedarse también el melón, que si se deja allí se pocha y eso está feo. Son los mismos que llamaban a las puertas de las casas por la noche para llevarse a fulanito o menganito al cuartelillo. Los mismos que perseguían por los campos a mi abuelo y a otros tantos que como él, se buscaban la vida haciendo contrabando o estraperlo con Portugal, escondiéndose por el día y andando a oscuras por la noche para de esa forma no ser vistos. Y tantos otros ejemplos que no cuento para no amargar al personal.

Tampoco imagina uno a ese cura al servicio de nadie que no sea alguno de los que aparece en la foto. La Iglesia siempre ha sabido muy bien al lado de quien estar para mantener su estatus. Tampoco se lo imagina salvando almas; se lo imagina más bien controlándolas. Aprovechando la ignorancia de unas gentes que en virtud de la misma buscan fe y amparo en quien en el fondo, sólo pretende tenerles bien agarrados por los huevos.
Porque, ¿Saben lo que les digo?, que los pecadillos de los poderosos siempre son poca cosa y se curan la mayoría de las veces con un dame aquí y ponme allá y un Ave María o un Padre Nuestro. Pero, los pecados de los que no tienen ni donde caerse muertos….esos pecados amigo mío, tienen difícil cura.

domingo, 17 de agosto de 2008

El alcalde y la moto

De verdad que hay cosas que no dejan a uno de sorprenderle, y que son un fiel reflejo de este país en el que vivimos y de los personajes políticos que nos representan. Tras finalizar mis vacaciones, les voy a contar la historia que le aconteció este verano al alcalde en funciones de Badajoz Don José Antonio Monago, a ver si se quedan ustedes con la misma cara de bobo que yo.

Resulta que una calurosa noche de verano, una panda de mozalbetes desorientados y enfadados con el mundo, le roban la moto al señor alcalde en funciones. Tras el lógico enfado por la pérdida sufrida, su indignación le lleva a realizar por su cuenta y riesgo distintas pesquisas sobre el terreno, como si de Hércules Poirot se tratase, y consigue obtener una información de gran valor detectivesco; algunos vecinos le cuentan por lo “bajini”, muy cerquita del oído no vaya a decir nadie después que yo te he dicho, que vieron esa noche a gente sospechosa en la urbanización, muy mala pinta y todo eso, y una descripción aproximada de tales sujetos.

Por el momento así quedo la cosa, con el sagaz detective lamiendo sus heridas y rumiando todo el fin de semana la información recibida, y el autor del hurto disfrutando de la moto del alcalde; imagino que con alguna guapa extremeña subida en ese caballo de hierro, agarrada fuertemente a la cintura del intrépido bandolero, con un manto de estrellas como patria y su libertad por bandera.

Pero llega el lunes, y lo que tiene esta vida es que en ocasiones te brinda la oportunidad de tomarse justa venganza; así que encontrándose su excelentísimo en una tienda de bicicletas, ve en una ciudad de aproximadamente 140.000 habitantes, a dos individuos que palabras textuales, “encajaban con alguno de los rasgos que me habían comentando”. No se a ustedes pero a mi el concepto “alguno de los rasgos...” me trae loco. Aunque la pista definitiva fué que los fulanos “estaban comprando una batería idéntica a la que necesita mi moto”. La verdad es que soy profano en lo que a motos se refiere, y no se el número de modelos de motos que en una ciudad como Badajoz compartirá el mismo tipo de batería, no obstante no quiero distraerles de la narración.
Llegados a este punto, el de las funciones decide dar un paso mas en su consagración como detective bellotero del año, así que ni corto ni perezoso comienza a seguirlos en su coche por toda la ciudad, dejando corto a Steve McQueen en Bullit, y una vez llegan a su destino y sin que haya rastro de la moto, decide que eso es lo de menos y que ya tiene todas las pruebas que necesita, que para eso es el alcalde en funciones que cojones, con lo que llama a la Policía Local para que intervenga, y mientras tanto para mantenerles entretenidos decide preguntarles, siempre según su versión, si han visto una moto como la suya. Digo su versión, porque la del abogado de los presuntos es que “el señor alcalde se dedicó a amenazar a los chicos y a decirles que si no le comunicaban donde estaba la moto los iba a echar de la ciudad, a ellos y a su familia. Por no decir que les enseño una documentación falsa diciéndoles que él era policía”. La veracidad o no de las dos versiones lo determinará el juez que para eso cobra lo suyo, pero de ser cierta la segunda versión hay que reconocer que mi primo los tiene bien puestos.

Y es entonces cuando comienza la persecución propiamente dicha. A ver como les cuento la persecución sin que se me descojonen de la risa. En la misma intervinieron tres coches de la Policía Nacional, dos coches de la Local y otro agente mas motorizado, con el resultado de tres agentes heridos leves y otro, el de la moto, que quedó algo peor al colisionar con otro vehículo en la persecución, todo esto salpicado con las pedradas que les lanzaban los vecinos del barrio en defensa de los muchachos. Convendrán conmigo que la escena tiene su guasa, y que si la coge Santiago Segura te hace otro Torrente.

Tras el suceso, el detective compareció ante los medios para indicar que “el 70% de las motos como la suya que se compran en la ciudad se roban porque se venden muy bien en Portugal. De hecho en mi grupo de amigos hay seis motos y ya han sustraído cinco”. Menos mal que mi primo no es presidente del Gobierno de la Nación en funciones, porque nos habría enviado a la Legión de Cruzada a Portugal a recuperar su moto, con la cabra de vuelta montada en un sidecar y tocando la corneta para orgullo de nuestra España y con dos cojones.
Y encima, para bajar el telón de su vodevil particular, justificó el despliegue policial asegurando que “yo sólo actué como un ciudadano más”.

Y ahora toca reflexión. Aunque después de lo expuesto casi no hace ni falta. Vamos a ver señor alcalde en funciones; me dice usted que actuó como un ciudadano mas, ¿Quiere eso decir, que ante la llamada de cualquier ciudadano que tiene una moto igual que la suya, el 70% de los casos a los que usted hace referencia, su Ayuntamiento monta ese despliegue policial?, ¿Y con los robos de otras motos distintas a la suya, coches, carteras, bolsos, móviles, cámaras, y demás artículos que son del gusto del caco también?, si eso es así tiene mi voto de por vida firmado ante notario, y si no es así es usted tan sinvergüenza como toda la clase política de esta casa de putas que todavía llamamos España, que prefiere retratarse como se ha retratado usted antes que salir y pedir disculpas, que sería los mas normal del mundo, algo del tipo, “miren me equivoque, a mi moto y a mi nos une un amor especial y no superé su perdida, tengo línea directa con la policía y me aproveché de ello pero no volverá a ocurrir, bla, bla, bla”. ¿Y sabe porque?, porque ustedes siempre se olvidan de que están donde están por representación popular, porque es imposible que 140.000 habitantes se metan en un pleno a debatir y le ponen a usted para que les represente, no para que se aproveche, pero como aquí nunca pasa nada pues así nos va.

Por cierto, la moto apareció el otro día calcinada en un cerro. Pues nada…Que espero que se lo cubra el seguro.

sábado, 16 de agosto de 2008

Aquellos viejos lugares

Cuando mis obligaciones laborales y mis responsabilidades familiares me lo permiten, gusto de pasear por mi ciudad, buscando aquellos rincones que de una u otra forma han quedado asociados a mis recuerdos. Sumergirte en esos espacios es como entrar en una pequeña cápsula del tiempo, donde uno vuelve a rememorar momentos que uno tras otro configuraron la niñez, la adolescencia, la madurez, en definitiva, la memoria.

Los domingos de mi infancia están asociados al Rastro de Madrid. Imaginen la estampa, cuatro críos de no mas de 9 años, agarrados unos a otros de la mano con la prohibición expresa de soltarse bajo ningún concepto, so pena de perderse en una marabunta humana; como directamente sacado de esa estupenda película dirigida por Fernando Palacios, “La gran Familia”, donde el pequeño Chencho de apenas dos años se perdía en Navidad entre la multitud de la Plaza Mayor, y el abuelo (ese grandísimo actor llamado Pepe Isbert), gritaba desesperado "¡Chencho!, hijo mío, ¿dónde estás? ¡Chencho!..." protagonizando, sin duda, una de las escenas mas recordadas del cine español. En nuestro caso nunca llegamos a protagonizar escena parecida, pero si conservo el recuerdo intacto de la impactante experiencia que suponía para un piltrafilla de menos de un metro de altura verse metido en medio de aquel bullicio, arrastrado por la mano segura de sus padres, y con esa extraña mezcla de desconfianza ante lo ajeno y el deseo irrefrenable de investigar por tu cuenta todo aquel desconocido universo de nuevas sensaciones y posibilidades.

Aunque lo que recuerdo con mayor claridad era la posterior visita a un bar de tapeo donde de siempre han servido una de las mejores patatas bravas de Madrid; y no se el porque de ese recuerdo, pero hay cosas que se guardan en el subconsciente con toda la claridad del mundo, independientemente de la importancia o no del hecho y del tiempo que haya transcurrido.

La cuestión es que ese bar se ha mantenido siempre igual hasta el día de hoy. Y es uno de esos espacios de los que les hablaba al principio; donde uno acostumbra a ir y el simple hecho de cruzar la puerta, pisar ese suelo y apoyarse en la barra, hace que afloren de golpe todos los recuerdos de su pasado. El vermouth que pedía su madre, la cerveza de su padre, las mirindas y la coca-colas, la ración de bravas, las risas, las conversaciones de adultos, las peleas de niños, etc.

Pero mire por donde, esta semana en uno de esos perderse callejeando, por aquello de los calores del verano le entra a uno la sed y un poquito de hambre, y pone camino al citado bar para de paso encontrarse con sus viejos fantasmas, y cuando llega a la puerta se encuentra “¡¡Oh maldición!!”, que el bar es otro bar, bueno es el mismo bar, pero le han pintado las paredes de naranja, le han añadido mesas y sillas de diseño, han puesto otra barra distinta, televisores LCD colgados de las paredes, cámaras de seguridad y toda la parafernalia; todo muy cool y moderno, y que mis fantasmas y recuerdos se han ido al carajo de un día para otro, y que lo único que queda de mi cápsula del tiempo son dos ridículas vitrinas en las que se exponen dos espejos rotos, y una inscripción a pie de urna donde textualmente pone (les juro que no les miento): “restos de los espejos originales, destrozados por un acto vandálico”. Les aseguro que no fui yo, pero ganas me entraron de destrozar todo el local como si de un borracho inglés en Benidorm se tratase.

Y lo que me jode realmente no es que se carguen mis recuerdos, que eso al fin y al cabo me importa un pijo porque son míos y ya me encargaré de guardarlos donde me plazca. Lo que me molesta es esa estúpida moda de hacer desaparecer todo lo que tiene años y por tanto historia para reconvertirlo en moderno y super guay. Como si tener “solera” no fuese ya sinónimo de atractivo e interesante…hay que joderse lo gilipollas que son algunos.