sábado, 22 de noviembre de 2008

Baby P


Creo que en alguna ocasión les he comentado algo sobre la existencia de esos fantasmas que, uno se va echando a la mochila a lo largo de la vida. Fantasmas que en ocasiones, por cabriolas del destino, se sientan sigilosamente a tu lado para decirte de nuevo “hola que tal”. Los hay que vienen con la intención de provocar una sonrisa, nostálgica, ante la memoria de una experiencia pasada. Y los hay que se presentan con el objetivo de hurgar en la herida del remordimiento, la rabia o la amargura, dejándote bien jodido durante un tiempo.

Baby P es uno de esos fantasmas. Lleva acompañándome silenciosamente 6 largos días, y no pueden ni hacerse la más remota idea de lo que siento cada vez que cierro los ojos, cada vez que miro su fotografía -que es la que les muestro-. Tengo su imagen y su historia tan dentro, que he decidido utilizar esta página como desahogo.

Les adelanto que lo que les voy a contar no es agradable.

Baby P tenía 17 meses y murió en agosto del año pasado. Durante los últimos ocho meses vivió un auténtico calvario de manos de su madre, el compañero sentimental de esta, y un amigo. Lo torturaron sistemáticamente, usándolo literalmente como un “saco de boxeo”. Todo ello ante la pasividad policial, judicial, vecinal, familiar y de los servicios sanitarios y sociales, que llegaron a visitar hasta en 60 ocasiones al pequeño y a los que nunca les parecieron suficientes las pruebas.

Durante sus últimos ocho meses de vida, el pequeño acudió al hospital en varias ocasiones con moratones, traumatismos, mordeduras, quemaduras. Según se desveló en el proceso, el novio de la madre le hacía cortes en los dedos con un cuchillo y le arrancaba uñas con un alicate. Murió con más de cincuenta secuelas de las palizas a las que era sometido, entre ellas ocho costillas rotas, una oreja rajada y el cuerpo paralizado por una fractura en su columna vertebral. En su agonía fue dejado en su cuna hasta que murió de un fatal puñetazo en la cara que incluso le arrancó un diente, que posteriormente fue encontrado en su garganta. Allí se lo encontraron, en su cuna, con el cuerpo y la cara destrozados, bañado en un charco de sangre. Un inocente niño rubio de ojos azules de 17 mesecitos de vida.

Pobrecito, de verdad. Que rabia y que asco tan profundo siento ahora mismo.

Jamás en esos 17 meses de triste vida sintió la dulce caricia de una madre. La increíble sensación de dormirse en sus brazos, entre el calor de su cuello, con la completa tranquilidad de que con ella nada malo puede pasarle, porque el vínculo sagrado que une a una madre y su hijo le protegerá siempre. La risa verdadera y contagiosa que delata la felicidad de un niño. Descubrir el mundo bajo los ojos sabios y experimentados de sus padres. La paciencia infinita con sus travesuras. La complicidad que se crea a través del juego. Los besos y la ternura cuando se va a dormir y cuando se despierta.

Para un bebé, toda la belleza de la vida radica en el amor de sus padres y eso es lo que le arrebataron a Baby P. Es precisamente esto lo que un Estado debe velar y proteger, estableciendo las medidas de seguridad necesarias, y ejecutándolas con firmeza. Lo contrario es demagogia. Nos estamos creando un mundo de gominola, donde todo es chupi y corazón, corazón. Vivimos en una burbuja donde ante lo feo, lo que distorsiona este mundo de Bambi, nos ponemos una venda y nos convencemos a nosotros mismos a negar la verdad, que es lo que en realidad le pasó a las 60 personas de servicios sociales que visitaron al pequeño, “tiene que tratarse de un error” –pensarían-, “no puede ser tan horrible”. Y es que ahí fuera hay borreguitos, pero también lobos con muy mala sangre y muy hijos de puta, que están deseando hacer daño si les permites un palmo de terreno.

Lo que evita que un día alguien, decida coger la escopeta, cargarla bien de plomo y ajustar cuentas, es la confianza en que existen garantías suficientes para que esto no vuelva a ocurrir.

Lamentablemente sigue y seguirá ocurriendo.

Baby P, donde sea que estés…descansa en paz.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Pan y circo

Que poco me gustan los políticos.

No voy a aburrirles con teorías que justifiquen tan interesante reflexión, porque al final todo deriva en que –como creo haber dicho alguna vez- el que escribe, siempre ha entendido esa labor como una estricta “representación popular”, ni más ni menos. Ante la imposibilidad manifiesta de que aproximadamente 46 millones de españoles caines, analfabetos, arrogantes, insolidarios y maleducados –entre los cuales me incluyo-, nos encerremos a debatir, como demonios organizamos este viejo país sin matarnos los unos a los otros, decidimos elegir mediante voto a un nutrido grupo de valientes muchachotes con estudios, buena educación e ingeniosas ideas para que nos representen y aporten soluciones.
El problema de los políticos, es que en la mayoría de las ocasiones, la presunta representación termina escondiendo una perfecta coartada para la consecución de intereses propios. Y mientras tanto se utiliza el viejo recurso romano de “pan y circo” para mantener contento y distraído al populacho, que aplaude entusiasta tan magno espectáculo. Claro que intenta explicarle a mis primos que es eso del Imperio Romano y del pan y circo y te dirán que les gustó mucho “Gladiator”.

Pensaba en esto el otro día, mientras recordaba la mala pasada que le jugaron los micrófonos, la víspera del desfile de las Fuerza Armadas, al presidente del Partido Popular Don Mariano Rajoy, cuando a modo de confidencia personal le indicaba al señor Arenas: “Mañana tengo el coñazo del desfile. En fin un plan apasionante”.

Créanme que en contra de lo que pudiese parecer, no critico la frase. De hecho comparto totalmente la afirmación. Cuando alguna vez he puesto la televisión no suelo aguantar más de una hora y casi siempre me reservo para la Legión, por los que siento absoluta devoción tras escuchar a uno de sus miembros explicar lo siguiente: “Cuando un legionario que está en un apuro grita: ¡A mi la Legión!, se va, aunque el compañero no tenga razón en la discusión”. Eso es lealtad y tener los cojones bien puestos, así que son los únicos que me inspiran confianza.

La verdad es que a mí esa demostración de poderío militar me parece una pantomima en un país, donde gobierno tras gobierno, se ha dedicado a desmantelar nuestras Fuerzas Armadas con sucesivos recortes presupuestarios hasta convertirlo en un ejército de chichinabo. Dios nos coja confesados si algún día se les ocurre a los hijos de Alá instalarse en la Alhambra en vez de en la isla Perejil.

Pero como les decía, no critico esas declaraciones. Se puede ser un representante político, respetar el trabajo de las Fuerzas Armadas y aun así parecerte un coñazo pasarte un domingo en un acto oficial de cuatro horas, pudiendo estar en tu casa, en chándal y con tus hijos, por ejemplo. De la misma forma que a mí siempre me ha parecido un bodrio monumental asistir a la jura de bandera de algún familiar y hasta la cabalgata de los Reyes Magos y eso no significa que no lo respete.
Lo que critico es el mensaje del año pasado, donde se da la circunstancia de que el señor Rajoy pedía, con motivo de esta festividad, que los ciudadanos “manifestasen con franqueza” su orgullo de ser españoles y “hagan algún gesto que muestre lo que guardan en su corazón”. Y ese justificar lo injustificable: "Al parecer, una expresión coloquial propia de una conversación de ámbito privado ha transcendido de ese ámbito privado al público".

Y es que uno echa de menos a personas valientes de verdad. Capaces de asumir responsabilidades y errores si se producen y afrontarlos sin esconderse. Me hubiese gustado en su momento ver a un ex presidente González, por ejemplo, ante aquella famosa pregunta de: ¿Organizo usted el GAL, Sr. González?, responder “Si, fui yo, me equivoqué, pero hice lo que hubiese hecho cualquier persona en una situación en la que cada dos días le robaban la vida y el futuro a uno de los nuestros. Hice lo que han hecho la mayoría de los Estados que han sufrido esa lacra del terrorismo. Y nuestro pecado fue, que ya que tome esa decisión, encima lo hicimos mal. Cuatro sinvergüenzas se dedicaron a meter la mano en la caja para enriquecerse y encima nos equivocamos de personas a la hora de hacer contraterrorismo, con lo cual demostramos ser unos profesionales cojonudos”.

O al también ex presidente Aznar, antes de abandonar el castellano por el dialecto de Texas. En esa ridícula foto de Las Azores, en la que pensaba que el salir en una misma instantánea con dos presidentes de superpotencias mundiales, convertiría automáticamente al país que representas en una de ellas. Así, por tu cara bonita machote. Por cierto, ahora se ha convertido en un descreído del cambio climático, aunque antes era una creyente de las armas de destrucción masiva.

Por eso suelo decir que por lo que a mi respecta, en lo que a políticos se refiere, les pueden ir dando por donde amargan los pepinos. Porque por desgracia, o por suerte, yo si sé lo que significa “pan y circo”.