sábado, 20 de septiembre de 2008

Cosas de niños

El otro día, mientras leía el periódico, me topé con una breve noticia. De esas que se intercalan en las páginas de sucesos y que uno suele pasar de largo sin detenerse y prestar demasiada atención, salvo que, como en mi caso, el titular sea tan impactante que despierte de repente la curiosidad por el hecho en cuestión. “Tres niños belgas saquean 143 tumbas”, era el titular, y la noticia se la escribo aquí textualmente que son cuatro líneas…por favor, no pierdan detalle:

Dos niños y una niña belgas de siete y ocho años saquearon el sábado 143 tumbas en el cementerio de Essene, en Brabante (Flandes, a 20 kilómetros al noroeste de Bruselas), lo que ha provocado numerosas denuncias, según fuentes judiciales. Debido a su corta edad, la fiscalía no puede tomar ninguna medida contra los niños, que explicaron que "se aburrían".Los servicios sociales del tribunal de jóvenes de Bruselas han abierto una investigación para saber si los menores tienen dificultades en su entorno familiar.

Cabroncetes las criaturas, ¿No les parece?

Pero, no se dejen impresionar por la barbarie. Hay cosas mucho más interesantes en esta noticia. Si les atrae jugar a sagaces detectives claro.

Veamos; la Real Academia de la Lengua define “saquear” de la siguiente forma:

Saquear.

1. tr. Dicho de los soldados: Apoderarse violentamente de lo que hallan en un lugar.
2. tr. Entrar en una plaza o lugar robando cuanto se halla
3. tr. Apoderarse de todo o la mayor parte de aquello que hay o se guarda en algún sitio
.

Parece extraerse del texto por lo tanto, que los angelitos se llevaron cuanto había en las 143 tumbas o buena parte de ello.
Teniendo en cuenta que el peso estándar de una pala de obra es de tres kilos y medio y las tumbas suelen tener una profundidad de dos metros, pues aplicando una sencilla regla matemática me salen…vamos a ver si…tengo una calculadora a mano…¡¡286 metros!!

Cuidado con estos, que los dos bambinos y la nena se han cavado en una noche 286 metros con siete y ocho años. Yo no se si aquí también hay ojeadores de esto y tal, pero desde esta humilde página recomiendo a cualquier alcalde que pretenda meterse entre pecho y espalda un soterramiento de la M-30 o tener un Metro de primera, que no les pierda de vista, porque con estos tres se ahorran una tuneladora en cuanto cumplan los dieciocho.

En fin, que bromas a parte, quiero imaginar que el periodista confundiría “saquear” con “profanar” y que las criaturitas, en realidad, se dedicarían a destrozar lápidas o a hacer pintadas en las mismas. Lo cual no le quita miga al asunto, ya que estamos hablando de un número considerable de tumbas, que imagino, además, que tendría lugar a unas horas en las cuales no habría nadie en el campo santo, es decir, que sucedería con nocturnidad y alevosía, y porque el suceso lo llevaron a cabo, por aburrimiento, niños de siete y ocho años.

Y claro, cuando uno lee estas cosas, no puede evitar establecer comparaciones con lo que era mi infancia cuando tenía la misma edad que los precoces gamberretes. Y que quieren que les diga, que a mí, por ejemplo, los cementerios me siguen dando repelus hasta de mayorcito, y procuro estar lo mas lejos posible no sea que me cojan cariño, así que háganse una idea con 7 años. Que con esa edad estaba en la cama en cuanto salía “Casimiro”, es decir, a las ocho y media, y que este que escribe no se aburría con esos años jamás, lo que me faltaban eran horas al día para seguir jugando. Y que conste, que aburrirse es el escenario idóneo para que se active el mecanismo de la imaginación y surja la creatividad…si yo les contase cuantas cosas han surgido de un aburrimiento.

Pero el problema aquí es otro. Por regla general, hoy en día a los niños se les “cría” –o mal cría, según se mire- pero no se les “educa”. Es decir, se les viste, se les lava, se les da de comer, se les peina, se les corta las uñas y pare usted de contar. Porque de “educar” ya se encargan los marcianitos de los videojuegos, los dibujos mangas japoneses para retrasados mentales, las tetas sin paraíso -o como coño se llame el invento- y las revistas donde desde la mas tierna infancia se les enseña a ellas a ser lumis de primera y a ellos matones de barrio con pantalones cagados y gorra de béisbol –como que aquí se juega al béisbol de toda la vida, no te jode-. Pero nadie enseña modales, ni respeto, ni a coger un libro o un tebeo de Mortadelo, Asterix o Tintín.

Y si me molesta es porque estas tiernas criaturitas “criadas” pero no “educadas”, tarde o temprano se convierten en hombrecitos y mujercitas, y los heredamos toda la sociedad, ustedes y yo.


lunes, 15 de septiembre de 2008

La impronta

Cuando le conocí rondaba los cincuenta y daba clase en la Facultad de Historia. Impresionaba su figura. Era alto y de complexión fuerte. La barba y el pelo, un día rubios, teñían canos por el paso de los años. Su mirada, de un azul intenso, transmitía serenidad e inteligencia. Su voz era tranquila y grave y se movía por el aula con la seguridad del cazador que algún día fue.

Yo era uno más de los, aproximadamente, doscientos alumnos que acudían a su clase. La gente se amontonaba a la entrada del aula en busca del codiciado asiento, y los últimos en llegar se conformaban con quedarse de pie entre los pasillos, a la espera de tener mejor suerte la próxima vez.

Jamás me perdí una de sus clases –y eso que era más asiduo a la cafetería que a las aulas-, y nunca vi un pupitre vacío.
La espera siempre era tensa, la gente bromeaba y departía ruidosamente sobre distintos temas; pero cuando se abría la puerta de inmediato el silencio se tornaba sepulcral. Siempre entraba serio, cabizbajo, sumido en lo profundo de sus pensamientos. Subía al estrado, se apoyaba despacio en su mesa mirando siempre al suelo, y tras unos segundos, que a mi me parecían eternos, levantaba despacio su mirada y nos saludaba con un “buenos días” acompañando la frase con una leve inclinación de cabeza.

A partir de ese momento comenzaba hora y media de viaje por las entrañas de lo que fuimos. Nos llevaba al pasado y nos traía de nuevo de su mano para que reflexionáramos en el presente. Nosotros le seguíamos hipnotizados. Nadie cogía apuntes, si acaso alguna nota sobre bibliografía. No era necesario, sólo escuchábamos y aprendíamos a pensar. Nos hacía entender que la Historia con mayúsculas, es la clave de lo que somos. Y no es que los hechos se repitan, sino que esos hechos los origina la naturaleza humana, y es esa misma naturaleza la que se manifiesta siempre de la misma manera, porque está en nuestros genes, en nuestras raíces mas profundas y en nuestra concepción como seres humanos; la envidia, la codicia, el poder y todo ello unido a la incultura, a la ignorancia que nos lleva al extremismo. Unas veces nos hacía reír, y otras provocaba que nos removiésemos incómodos en nuestros asientos. Y puedo asegurarles que nunca aprendí tanto como en aquella clase. Dejó una huella imborrable en mi memoria y en el sentir colectivo de los que asistíamos a su asignatura. Huella que iba mas allá de la materia impartida y entraba en el terreno del “deber ser”, de pasar por la vida dejando una impronta de convicciones, en valores como el compromiso, la honestidad, la entrega, ser una persona de bien. Acompañado de la cultura y el conocimiento como herramienta de defensa ante la intolerancia, el abuso y la manipulación.

No recuerdo el nombre de uno sólo de los otros profesores. Los he olvidado a todos. No aprendí nada de ellos que no viniese en los libros. No despertaron en mi ni una emoción, ni un interés nuevo por algo que no tuviese ya antes. Y por supuesto sus clases estaban vacías. A veces vacías hasta del mismo profesor que las impartía. Por regla general esto es lo normal. Personas carentes de ilusión en lo que hacen, sea lo que sea. Incapaces de transmitir nada a los demás porque nada tienen. Personas que no tienen motivaciones por prácticamente nada. Que pasan por la vida como amebas, con un guión marcado, y que se levantan y acuestan con un mismo discurso aprendido. Ignorantes del preciado don que significa estar vivo y lo prontito que se acaba.

Afirmaba Giordano Bruno, que lo peor no es morir por haber defendido un ideal, sino no haber tenido ninguno por el que mereciese la pena entregar la vida.

Hay otras muchas personas que, como mi profesor, dejaron su huella en otros campos, y no sólo en lo profesional. Y aunque sus nombres se pierdan en el olvido, la impronta que dejaron en las personas que les acompañaron, facilitará que pueda seguirse transmitiendo a futuras generaciones.

Hoy se que tuve la enorme fortuna de cruzarme con una de esas personas. Desde aquí mi más honesto cariño, agradecimiento y admiración a su figura. Gracias profesor.

sábado, 6 de septiembre de 2008

A mí que me apadrinen


No es mi propósito, estar hablando de Extremadura todas las semanas en esta columna. Provincia que como a estas alturas ya habrán podido imaginar, es cuna de mis raíces familiares por los siglos de los siglos amén, y tierra a la que además me une devoción y amargura a partes iguales. Pero, de verdad, que hay semanas que a uno le dan esta columna medio hecha y no tiene más remedio que sentarse y darle a la tecla con todo el regusto del mundo.

Imagino que ya estarán al corriente de la noticia que les voy a contar porque sucedió a principios de agosto, pero por si acaso yo les hago un pequeño resumen para que no pierdan detalle.

Resulta, que el que fuese número uno de la coalición ICV-EUiA por la provincia de Tarragona en las últimas elecciones generales, y actualmente concejal del Ayuntamiento de Torredambra, Don Lluís Suñé Morales, escribe un blog como este –pero de más fuste y con más visitas-, donde el muchacho, que se define independentista y se siente catalán hasta la medula espinal y mas allá, disgustado por el actual sistema de financiación autonómica, y cansado de “las voces anticatalanas” que promulgan a los cuatro vientos que los catalanes son unos insolidarios a pesar de que “aportamos, y mucho, a la riqueza del conjunto del Estado”; no se le ocurre otra cosa, con el sano propósito de “limpiar” tan horrible imagen, que lanzar una supuesta campaña de apadrinamiento internacional con una foto –que arriba les adjunto- donde aparecen, dos niños medio desnudos, con la cara llena de chorretes, y con el siguiente lema: “SOS. Extremadura needs you”, “apadrina a un niño extremeño por 1.000 euros al mes”. Con dos cojones.

Mira que hay provincias con las que meterse, y aquí mi amigo el almogávar no se le ocurre otra cosa que tocarle los huevos a mis primos. Creo que este pobrecillo no ha leído el artículo que les conté hace un par de semanas sobre el alcalde, y no sabe todavía como se las gastan por ahí abajo. Y es que eso es lo que tienen los analfabetos, que suelen despreciar aquello que ignoran.

Por lo de pronto, van a emprender acciones legales contra el concejal, además de solicitar a la Generalitat que se pronuncie al respecto. Trasladarán la fotografía a la fiscalía al aparecer el nombre de Extremadura, su bandera oficial, el logotipo del Gobierno de España y también el de UNICEF sin permiso. Además, la Ejecutiva Regional del PSOE de Extremadura, ha tildado de “pornografía infantil” la imagen de los niños –como se pasan estos también -. Y el de la feliz ocurrencia ha recibido todo tipo de amenazas e insultos por teléfono en forma de despertador matutino, para que no llegue tarde al trabajo. Por todo lo cual y tras la repulsa de su propio partido no ha tenido más remedio que enmendársela, retirar el articulito y pedir disculpas en su página, asegurando que su “intención no era herir los sentimientos del pueblo extremeño”. A buenas horas mangas verdes.

Por lo que a mi respecta, no les negaré que mi primer impulso fue mentarle a su madre. Pero mi buena amiga Pilar –fiel lectora de esta página- me insiste en que soy “un radical, un bruto y un partidista” y que me voy a quemar en el infierno por hereje y no se cuantas cosas más, sobre todo porque no comulga con lo expuesto en mi anterior artículo. Así que siguiendo sus sabios consejos he decidido aplicar templanza, reflexión y mano izquierda. Y oye, que sorpresa la mía. Que ha sido mano de santo, que he visto la luz y que ni voy a acordarme de sus muertos ni voy a mentarle a la madre. Todo lo contrario, he decidido a partir de ahora sumarme a la propuesta del figura.

Porque que quieren que les diga, mis paisanos, con tantos niños semidesnudos que criar, con los pelos alborotados y colgados de los árboles, pues no han tenido tiempo de analizar fríamente la noticia como yo. Y es que, bien pensado, eso de que alguien apadrine a mi hija y me de 1.000 euros al mes, pues a mi me parece bien. Por ese importe yo le nombro padrino de su boda si es preciso. De hecho voy a proponer que lleve esto hasta sus últimas consecuencias y apadrine adultos también. A mi, sin ir mas lejos, me puede ir ingresando religiosamente el importe establecido mensualmente, porque si no me equivoco, esto de apadrinar consiste en que a mi me dan los dineros y yo le voy enviando fotos para que las ponga en su casa y presuma de solidario, y además le cuento las cosas que se están haciendo gracias a su aportación. Pues sin problema, que cuenten conmigo que yo le mando fotos típicas extremeñas de indígena de boina abrazado a un cochino, otra tumbado debajo de una encina filosofando sobre la bellotita y sus propiedades y también le cuento el buen uso que le doy a su dinero comprándome un jamón o tomando raciones de secreto y guarrito frito, que por cierto, está igualito de bueno que los calzots esos que come el fulano este.

En fin, que como dice mi cuñado Joselito: “De Despeñaperros para arriba….Alemania”.